"Escribo. Escribo que escribo." Son las palabras de un ensayo, de una ficción intimista. Salvador Elizondo lo hizo con maestría y brevedad, y es una de las muestras más prístinas de la lengua española por su conceptismo gracianiano, tan caro a Monsieur Elizondo. Yo escribo que Salvador escribió que escribía que escribía. Y lo hago para recordarme que debo escribir, soltar la pluma, los dedos y la imaginación, este arte de la combinación de recuerdos. Y escribo a propósito de una artículo que Vos me mandó hace un tiempo: "14 cosas ridículas que las personas exitosas hacen a diario", en el sitio del World Economic Forum, con esta manía de comenzar las notas con un número en guarismo, al estilo "3 cosas que nadie debe dejar de hacer" o "7 tips para leer tips". No obstante, la nota tiene un sentido claro, aunque con más pátina que corazón. No me entretendré en las 14 cosas a las que alude, ya las podrá leer el somnoliento lector. Sólo glosaré al...
Antiblog de Francisco Vásquez, donde se escribe de música, literatura, libros, crítica, museos, viajes y otras displicencias personales.